Tengamos en cuenta esta verdad: “Los niños no mienten”. Sus conductas no mienten, sus síntomas no mienten… y cuando un niño, niña o adolescente dice que alguien le ha estado tocando, manoseando, haciéndolo sentir incómodo, etc., hay que abrir el corazón y, dejar de lado los miedos, para escuchar con todos nuestros sentidos.

Respira profundo y abre tu corazón a esa persona que te está expresando, a su manera, algo tremendamente doloroso y traumático y toma en cuenta lo siguiente:

  1. Mantén el control de tus emociones. Las reacciones que tu tengas ayudarán u obstaculizarán su recuperación. Tu dolor, ira, miedo, angustia, o incredulidad, déjalas de lado, ya tendrás tiempo de procesar, pedir ayuda o lo que necesites, pero en ese momento, ese niño, niña o adolescente cuenta contigo y tu apoyo incondicional.
  2. No preguntes detalles innecesarios. Deja que relate lo que pueda y quiera al respecto. Preguntas como ¿estás seguro? Son inapropiadas porque transmiten incredulidad de tu parte, lo que puede hacer que la víctima se cierre y deje de hablar. Generalmente es muy difícil para una víctima hablar del tema, siente miedo de que no se le crea, vergüenza por lo sucedido, pues los agresores tienden a hacer culpables a sus víctimas y no pocas veces están amenazados abierta o encubiertamente, por lo que armarse de valor y contarte es algo que normalmente habrá tomado tiempo, así que comprende que dejarle hablar y creerle que algo ha pasado aunque te parezca imposible que pueda ser la persona señalada (en caso de que te diga de quién se trata) haya hecho algo así, es tremendamente importante.
  3. Cerciórate de que el menor se encuentra fuera de peligro. Este punto es crucial pero complejo, sobre todo, cuando se trata de un abuso en modalidad de incesto (es decir, que se trate de algún familiar), pues normalmente nuestros niños, niñas y adolescentes en estos casos conviven de cerca y constantemente con sus agresores. Por ello, puedes preguntar si sigue ocurriendo, si la persona está cerca, si se siente seguro, si cree que es algo que puede pasar en un futuro inmediato, y en caso de que el peligro exista, es importante preguntarle quién más sabe, o si hay alguien que le pueda proteger.

En caso de que seas la primera persona a quién le cuenta y se sienta en peligro, tendrás que pedirle permiso para hablar con alguien de su entorno… aunque no siempre será algo que deseen, trata de encontrar una solución creativa que por lo pronto lo libere del peligro en la medida de tus posibilidades, pero toma en cuenta que habrá ocasiones en que esto quede fuera de tu alcance real, en cuyo caso no olvides que es importante hacerle saber que puede contar contigo y juntos encontrar una forma de ayudarle.

  • Hazle saber que hizo bien en decirte. Confirma que ha hecho lo correcto, aunque no tengas las respuestas, consuélalo, dile que lo importante es que encontrarán una solución y que no ha hecho nada malo, que el único responsable de un abuso es el adulto. Agradécele su confianza.
  • Pregunta que necesita de ti (solo para los niños más grandes o adolescentes) Un pequeño no tiene una respuesta a esto. Pero los más grandes pueden sorprenderte con sus respuestas concretas. A veces solo quieren ser escuchados y creídos, a veces desean que les acompañes a decirle a sus padres, otras más que les ayudes a encontrar una forma de parar el abuso, etc.
  • Pide ayuda. Si tienes claridad en lo que hay que hacer, hazlo, pero en muchos casos, es muy sano pedir orientación al respecto. No supongas que lo único importante es que el abuso pare, o la denuncia inmediata. Aunque denunciar el abuso a un menor es algo importante, un error común es creer que un juicio y el encarcelamiento terminarán con el tema.

Como hemos venido reflexionando se trata de un tema tan complejo y que afecta de tantas maneras, que el apoyo psicoterapéutico adecuado es fundamental para la recuperación del menor y su familia.

En muchos casos, las familias desean olvidarse del tema lo más pronto posible, y no hacer nada “para que se le olvide” lo cual ha perpetuado este tema, sobre todo cuando se trata de las familias, ya que el abusador no se detiene en la mayoría de los casos hasta que no se le desenmascara la situación y, dejar “en el olvido” este tipo de temas es una forma de contribuir a que los abusos continúen.

Te invito a ser un agente de protección, haciendo lo que esté en tus manos, para cuidar y promover integralmente a los menores, pues ¡los niños, niñas y adolescentes son responsabilidad de todos!

Por: Lic. Carolina Téllez Estrada

Especialista en Protección de Menores

Artículo publicado en: Diócesis de San Juan de los Lagos, Boletín de Pastoral 498, diciembre de 2021, p. 17-18.