¿Cómo uso mi poder?

Caminando hacia la Cultura del Buen Trato en Nuestra Diócesis de San Juan de los Lagos

Todas y todos, quienes formamos el cuerpo de Cristo, desde distintos quehaceres y realidades, estamos llamados a hacer presente el Reino de los Cielos en la tierra, sin importar nuestra formación, procedencia, creencias culturales, pues nos une el mismo bautizo y nos impulsa el Espíritu que vive en nosotros.

Iniciamos entonces reflexionando acerca de los aprendizajes culturales que justifican el uso del poder de manera inapropiada.

Todos tenemos poder. Distintos tipos y características, en razón de nuestra edad, formación, quehacer, vocación, etc. Y debemos hacer consciencia la manera en que lo ejercemos en nuestra vida cotidiana, dentro y fuera de casa, con cada ser humano con el que tenemos oportunidad de convivir.

¿Cómo me relaciono con los demás? ¿Qué tipo de pensamientos tengo respecto a ese otro ser humano? ¿Le juzgo?

El inicio del camino hacia una cultura del buen trato que haga menos posible un abuso de cualquier tipo (económico, de consciencia, espiritual, psicológico, sexual) inicia por la revisión de mi propia forma de relacionarme con los demás.

Necesitamos dejar de pensar que el abuso es algo que les concierne a algunos cuantos seres humanos perversos y malvados de los cuales yo no formo parte, y que se encuentran en otra realidad, en la que es fácil identificarlos y contenerlos, porque la revisión de lo que ha sucedido hasta ahora, nos muestra la fragilidad humana presente en las relaciones y la inconsciencia como primera entrada a la realidad del abuso.

Si la primera condición para que un abuso sea posible es la asimetría de poder, donde una persona con mayor poder usa éste como manera de obtener algo de quién posee menos poder, la segunda condición es la creencia de tener el derecho a actuar de esa determinada manera sin tomar en cuenta el efecto que este comportamiento tiene sobre la otra persona, justificando su actuar e impidiendo la capacidad reflexiva que genere culpa sana y el deseo de enmienda, sino que, por el contrario, le impulsa a seguir actuando así de manera sistemática y progresiva.

Un tercer elemento es una situación personal que impide se le cuestione las acciones. “soy el maestro”, “soy su padre/madre”, “soy el párroco”… y por ello sé lo que está bien y lo que no está bien. De tal manera que la persona se blinda para no escuchar cuestionamientos, sugerencias ni recomendaciones, escudado en esa posición de poder frente al otro, llegando incluso a acusar a ese otro con menor poder de querer rebelarse o actuar malintencionadamente frente a su legítima autoridad y su actuar transparente.

Pero ¿Cómo distingo una acción abusiva de una que no lo es? Una acción abusiva se caracteriza por usar el poder para obtener a través de la manipulación, el chantaje, el soborno, el acoso o las amenazas un beneficio propio en detrimento de la otra persona. Normalmente, bajo el discurso de “es por tu bien”, “es lo mejor”, “así debe ser”, etc. Pero que al mismo tiempo genera en quién recibe este abuso una confusión y malestar que no logra comprender por la habilidad y sutileza con la que se realiza, o por el gran poder que el otro tiene (sea real o simbólico) que le impide sustraerse de esta acción.

Cuando el poder se usa de manera sana, puede generar inconformidad, (como en el caso del adolescente frente a sus padres) pero es evidente el beneficio que recibe a través de esa acción. Cuando el beneficio es unilateral, es importante analizar lo que en realidad está pasando.

Por ello, como un primer paso hacia la cultura del buen trato, te invitamos a repensar: ¿cómo ejerces tu poder?, ¿es benéfico de manera recíproca?, ¿hay transparencia en las intenciones? y, ¿se trata de algo apropiado a la relación en cuestión?

Si, por el contrario, solo beneficia a una de las partes, si hay intenciones ocultas o ambiguas, si es inapropiado lo que pides, entonces tu conducta puede ser riesgosa para otras personas y esto es posible cambiarlo con consciencia y esfuerzo, o en su caso, pidiendo ayuda apropiada (profesional).

Somos conscientes de que ninguno puede hacerlo todo, pero que todos podemos hacer algo y deseamos que la cultura del cuidado y la protección sea algo más natural en nuestro pensar, sentir y hacer. Comencemos por nosotros mismos.

Artículo publicado en: Diócesis de San Juan de los Lagos, Boletín de Pastoral 482, agosto de 2020, pp. 22-23.

Te dejamos a continuación los enlaces para que revises los otros temas que hemos preparado para que juntos caminemos hacia una Cultura del Buen Trato: