Autor: MTF Carolina Téllez Estrada
Una revelación de abuso es el momento en el que una víctima, o quién ha sido herido se decide a compartirlo con alguien en particular, sin importar quién sea.
Un informe de abuso, en cambio, es el relato a través del cual, la víctima o sus padres están buscando que se investigue, se tome alguna acción y esperan que se actúe de alguna manera para enfrentar la situación.
Cuando una persona está experimentando una situación de abuso, o la experimentó en algún momento de su vida, al tratarse de un tema traumático, lo usual es que la revelación se dé en un momento de confianza, cuando le vino un recuerdo, que lo conectó con su historia, se sintió validada por quien la escucha, y de esta manera, decide hablar y sacar de sí misma un secreto a veces ha guardado por largo tiempo.
Tenemos que tomar en cuenta que estas revelaciones serán, en muchas ocasiones, con una persona que en ese momento le inspiró confianza, incluso, si solo puede escucharle algunos instantes.
En el ambiente pastoral, podremos encontrarnos con personas que, durante un retiro, en una asamblea, en razón del tema escuchado, entre otras opciones, se puede dirigir al ponente, al encargado, a la religiosa, etc., que le inspiró confianza, aunque no le conozca más allá de ese momento. En otros casos, serán padres de familia, que acaban de enterarse de que su hijo/a ha estado siendo abusado en algún ambiente eclesial y están desorientados, traumatizados y no saben qué hacer, recurriendo entonces a un sacerdote, ministro u otra persona de su confianza, para expresar el drama en el que se encuentran y poder así encontrar caminos para seguir adelante.
¿Quién puede ser el receptor de un informe?
Todos en principio, podríamos ser receptores de un informe, pero ojo, esto tiene que ver con que igual que en la revelación, las personas suelen buscar a alguien de su confianza para poder ser orientados hacia quién, cómo y dónde acudir con este tema.
Se trata de personas que quizá estén dudosas de su proceder, pero desean que se sepa lo que les ha sucedido, en muchas ocasiones con el deseo de que no le pase a nadie más.
Sin embargo, tenemos que saber que existe una persona encargada para tales casos, y hay que dirigirlos hacia ella.
Esto no significa cortar de tajo la comunicación, y en esto, tenemos que tener una gran claridad de la actitud adecuada frente a ambos casos, pues se trata de un tema tan delicado para las personas, que necesitamos hacernos conscientes de nuestras reacciones frente a ellos.
¿Cuál debe ser la actitud frente a una revelación y frente a un informe?
En ambos casos, es importante que nuestra actitud sea:
- Con empatía y compasión
- Sin expresiones que pudieran interpretarse como falta de credibilidad
- Invitando a dar a conocer estos hechos con la persona encargada de recibir estos informes
- Si no sabemos quién es, comprometernos a investigarlo y hacérselo saber a la brevedad
- Haciendo saber a la persona que, debido a la gravedad, nosotros haremos también un escrito informando de lo que nos ha relatado para el encargado de recepción de informes
- Mantener la confidencialidad de lo escuchado para proteger la integridad de todos los involucrados
Es importante que comprendamos que los procesos son diferentes para las víctimas cuando se trata de una revelación o un informe.
En una revelación, muchas veces es sanador el ser escuchado y no es el momento para proceder con un informe, aunque ante la sugerencia pueden tener sentimientos encontrados y pedir tiempo para pensarlo, y algunas veces podrán negarse para luego cambiar de opinión o a la inversa.
En el caso de quién está tratando de informar, ya lo ha pensado y de hecho desea que se haga algo, por ello, es más posible que acceda a acudir con quién corresponda, aunque podría mostrarse temeroso por no conocer o sentir desconfianza, sentimiento natural en estos casos.
Saber que es distinto revelar que informar, nos ayuda a entender por qué razones a veces pasa tiempo entre que se sabe de un hecho y que se comience a actuar sobre ese caso en particular, ya que no es posible abrir una investigación sin el informe que nos ponga delante de la posible comisión de un delito (notitia criminis) para el ámbito canónico.
Recordemos que en ambos casos, hacer saber estas noticias al encargado de la recepción de informes es fundamental para que quede antecedente y en su momento, si la víctima o sus padres acuden a poner el informe, se tenga el antecedente de lo que se nos dijo en su momento a nosotros.
En el caso concreto de nuestra Diócesis de San Jan de los Lagos, el encargado de recibir informes es el Sr. Obispo o el Vicario General.
Artículo publicado en: Diócesis de San Juan de los Lagos, Boletín de Pastoral 490, abril de 2021, pp. 18-19.
