En este año pastoral de la Humanización de la Cultura Digital propongo este artículo basándome en la conferencia de formación y concientización impartida el pasado 21 de septiembre de 2025, titulada “Educar juntos para humanizar la cultura digital”. Impartida por el Dr. Hernán Navarro, dirigida de manera especial a agentes de pastoral familiar, pastoral profética, vida consagrada y pastoral educativa en Tepatitlán de Morelos, Jal.
Desde el inicio, se insistió en el compromiso de todos los agentes de pastoral de asumir una responsabilidad evangélica frente a la cultura digital, reconociendo que este entorno también forma parte de la misión de acompañar, cuidar y evangelizar. Esta reflexión se reforzó con la proyección de un video del Papa León XIV, cuyo mensaje central destacaba que la Iglesia no se ha mantenido pasiva, sino que ha llevado la luz de Cristo también al mundo digital. En este contexto, se subrayó la importancia de aprender a utilizar las nuevas tecnologías como medio para hacer llegar el Evangelio, retomando su expresión: “Prevenir para cuidar”.
A partir de este encuadre, el ponente advirtió que los temas a abordar tocarían fibras sensibles, ya que se hablaría de una realidad sin filtros, difícil de escuchar y de asimilar, pero necesaria de nombrar. Desde esta perspectiva, comenzó a contextualizar el concepto de grooming, definido como una serie de conductas que constituyen una nueva modalidad de abuso sexual sin contacto físico, en la cual el victimario actúa a través de la interacción virtual. Señaló que se trata de uno de los delitos de mayor gravedad en el ámbito digital que afecta a niños, niñas y adolescentes.
De acuerdo con las estadísticas presentadas, la mayor incidencia se concentra entre los 10 y 12 años de edad, quedando identificada una etapa de especial vulnerabilidad entre los 9 y 12 años. Esta situación se agrava al considerar que actualmente es cada vez más común que los niños tengan acceso a un teléfono celular a partir de los 7 años, lo que incrementa su exposición a riesgos digitales. En este contexto, se destacó que los videojuegos en línea se han convertido en una de las principales puertas de acceso a los menores por parte de los pedófilos.
El Dr. Navarro explicó que, en generaciones anteriores, los padres podían orientar y aconsejar a sus hijos sobre temas complejos desde la infancia. Sin embargo, en lo que respecta a las nuevas tecnologías, como el uso de ordenadores, teléfonos celulares y otros medios digitales de comunicación, las generaciones pasadas quedaron fuera, ya que no tuvieron acceso a estos recursos y, por lo tanto, en la mayoría de los casos desconocen en su totalidad su funcionamiento y riesgos.
En la actualidad, incluso los bebés, desde edades muy tempranas, comienzan a familiarizarse con entornos digitales, principalmente a través de videos, desarrollando habilidades de manera acelerada. Ante esta realidad, muchos padres, al no contar con la información o preparación suficiente, optan por evitar el tema, dejando de educar, vigilar o acompañar a sus hijos en el uso de estos medios.
Por ello, resulta determinante comprender el mundo digital y reconocer el peligro latente que existe en él. Se enfatizó que el entorno digital no está separado de la realidad, ya que todo lo que se realiza en internet genera un impacto real en las personas. Aunque pueda resultar impactante, todas las personas que participan en redes sociales cuentan con una identidad digital, y lo que se encuentra en internet conforma un mundo sin fronteras.
Se explicó que el abuso sexual digital no se limita únicamente a la incitación directa a la interacción sexual. También ocurre cuando se expone a un menor de edad a imágenes, videos, sitios pornográficos o contenidos explícitos, incluidos stickers en redes sociales. A esta problemática se suma el uso del deep fake, mediante el cual, a través de inteligencia artificial, se puede crear pornografía infantil falsa.
De manera preocupante, se afirmó que se está perdiendo la guerra contra la pedofilia, ya que un solo agresor puede interactuar con hasta 200 perfiles de niños y adolescentes, alcanzando un impacto mayor que el de los abusos presenciales. Este fenómeno se replica especialmente en plataformas con alta presencia infantil, como los videojuegos. Se mencionó el caso de Roblox, donde se registró el primer abuso colectivo relacionado con la personalización de personajes.
Este panorama ha generado, en muchas familias, lo que el ponente denominó un “puente roto”. Desde un extremo, los niños no logran identificar el peligro; desde el otro, los adultos lo invisibilizan al considerar que, si los menores están en casa y bajo supervisión visual, se encuentran seguros. Sin embargo, el riesgo se manifiesta de forma intangible a través del entorno digital.
La falta de comunicación se identificó como una de las principales puertas para que estas situaciones ocurran. No se ha normalizado preguntar a los hijos “¿cómo te va en internet?”, del mismo modo que se pregunta “¿cómo te fue en la escuela?”. Se enfatizó que aceptar a una persona en redes sociales implica darle acceso a la vida personal y a la identidad digital.
Entre los factores de riesgo señalados, se destacó la ausencia de políticas públicas en materia de educación digital, así como el hecho de que los niños pasan en internet un promedio de siete horas diarias, sin considerar el tiempo destinado a los videojuegos.
Frente a esta realidad, se insistió en la necesidad de prevenir mediante acciones concretas: crear redes de apoyo, fortalecer el diálogo y el acercamiento con los niños, capacitarse en el tema y denunciar. Se aclaró que, al momento de la denuncia, no basta con contar con capturas de pantalla, sino que es indispensable conservar la URL, y que bloquear el perfil del agresor puede incrementar la desprotección del menor.
Finalmente, se invitó a construir un “salvavidas digital”, recordando que la verdadera solución no es un software, sino el diálogo. No es posible resolver con tecnología aquello que se origina a partir de ella.
Se hizo un llamado a cuidar meticulosamente la información que se comparte en redes sociales, a no reprender ni responsabilizar a los niños —para no romper la confianza— y a acompañarlos activamente en el entorno digital. Recociendo que, la primera escena del crimen suele ser un dispositivo móvil, lo que hace indispensable un acompañamiento consciente y constante.
Reflexión final
La cultura digital ha sido parte esencial del crecimiento de nuestros niños. Invisibilizar su impacto solo incrementa los riesgos y propicia la distancia entre generaciones.
En la actualidad, se vuelve un tema emergente, viéndolo como un área que involucra presencia, cuidado y acompañamiento.
Desde una perspectiva pastoral y humana, se nos informa que la verdadera acción ante los riesgos digitales no es la prohibición ni el miedo, sino una presencia adulta que oriente, generando espacios de confianza donde los niños y adolescentes sepan que pueden hablar sin temor, sabiendo que en todo momento serán tomados en cuenta y estarán seguros.
Humanizar la cultura digital es tarea de todos.
Por: Psicóloga Isela León López
