Cualquier persona al llegar a su casa se experimenta a salvo de peligros. De la misma manera la Iglesia desea ser un espacio seguro para niños y adultos. Porque es casa de Dios y hogar de los hombres, donde Dios quiere que sus hijos crezcan integralmente y seguros. Siguiendo los designios de la fe católica, se concibe a la Iglesia como un hogar seguro para todos los que se acercan a Dios.

En este tercer artículo sobre las 10 líneas guía que ofrece la Pontificia Comisión para la Protección de los Menores como marco universal para la prevención, protección y reparación de las víctimas hablaré de las dos siguientes, la quinta y la sexta líneas guía que piden que las políticas y procedimientos de protección estén contextualizados en la cultura de la Iglesia local y que dichas políticas y procedimientos respaldan la seguridad de las personas.

Línea guía 5: Sensibilidad cultural

Cuidar a los más vulnerables implica comprender su entorno, considerando que las políticas establecidas deben adaptarse al contexto local, sin dejar de lado y respetar leyes universales como la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del niño.

Protocolos de protección adaptados al contexto cultural

Los códigos de conducta y los procedimientos para expresar quejas se adaptan al contexto cultural y se iluminan con los principios universales, manteniendo el enfoque de tolerancia cero hacia el abuso.

Se detectan los riesgos que podrían favorecer situaciones de abuso para enfrentarlos con estrategias oportunas.

Se identifican y superan las barreras que dificultan la denuncia de abusos, su reconocimiento y por lo tanto la manera adecuada de responder a ellos.

Las necesidades y situaciones de la comunidad local son reconocidas, respetadas e incorporadas en los enfoques de protección

Se indagan y atienden las necesidades de grupos en situación de vulnerabilidad, como pueblos indígenas, personas con discapacidad o comunidades marginadas.

Se involucra a representantes locales en la toma de decisiones.

Se tienen mecanismos de retroalimentación sobre las necesidades y experiencias específicas de protección de los diversos grupos comunitarios.

Se respetan y reconocen las prácticas culturales locales en el contexto del cuidado, el apoyo a víctimas y la gestión con los perpetradores.

La capacitación y el apoyo para el personal eclesiástico de acuerdo con las particularidades culturales de cada región.

Se ofrecen programas de capacitación sensible a los matices culturales de la región

Se busca reflejar la diversidad dentro de la comunidad de la Iglesia local.

Se evalúan y mejoran los programas de capacitación.

Línea guía 6: La Iglesia es un espacio seguro

La Iglesia está llamada a ser un lugar seguro para todos, ofreciendo políticas claras, accesibles y coherentes con el Evangelio y con las leyes universales de protección.

Las políticas y procedimientos son congruentes con el marco universal

La autoridad y los líderes eclesiásticos han de promover y poner en práctica los procedimientos de protección.

Las políticas y procedimientos son comprensibles, fáciles de acceder y guiadas por modelos de buenas prácticas.

Se tiene un proceso para revisar las políticas y para consultar a los interesados.

Se tienen mecanismos para recibir aportes y retroalimentación de quienes trabajan en la Iglesia.

Los planes de protección se implementan

Se da la implementación de políticas y se monitorea dicha implementación.

Se mantienen en revisión y actualización constante las políticas y procedimientos, considerando los resultados exitosos y los comentarios de la comunidad.

Se evalúan y monitorean continuamente las políticas y procesos, a través de la retroalimentación de los implicados.

Dar voz a las víctimas en las acciones de protección

Priorizar siempre la dignidad y los derechos de cada persona.

Se busca activamente incluir a víctimas/sobrevivientes en las actividades de protección y en el desarrollo de políticas y procedimientos. Estas dos líneas guía nos muestran que, al igual que una casa necesita reforzar sus paredes, puertas o ventanas para ser más segura, la Iglesia, que es casa de la comunidad cristina, busca reforzar su seguridad para proteger a sus fieles frente a los peligros. Pero la verdadera seguridad no reside en las paredes ni en los detalles externos, sino en su fundamento sólido: Cristo, quien asegura protección, guía y esperanza para todos los que buscan refugio en Él. Como dice Mateo 7, 24-25: “El que escucha mis palabras y las pone en práctica, es como aquel hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Calló la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vinieron y arremetieron contra la; pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre roca”.

Bibliografía:

Pontificia Comisión para la Protección de los Menores (2024). Marco Universal para las Líneas Guía. Aprobado en la Asamblea Plenaria de marzo de 2024. Sujeto a revisión periódica.

Por: Psicóloga Isela León López