En la Asamblea Plenaria de la Pontificia Comisión para la Protección de los Menores celebrada en marzo de 2024 se aprobó el Marco Universal para las Líneas Guía que la Iglesia quiere implementar como institución, en todos sus niveles, para proteger y promover a los menores y adultos vulnerables.
Son 10 líneas guía que establecen los principios y criterios que se deben asumir y aplicar en la Iglesia. Cada una de esas líneas guía cuenta con criterios e indicadores que abarcan personas, actitudes y acciones puntuales que se han de implementar para generar espacios seguros para todos, una cultura de buen trato y un compromiso serio con la prevención de abusos.
En este primer artículo hablaré de las dos primeras líneas guía.
Línea guía 1. Compromiso a nivel de liderazgo y de cultura eclesial
La Iglesia como una madre amorosa es la encargada de ver por la seguridad de sus hijos y está comprometida en salvaguardar la integridad de los más vulnerables por medio de lineamientos para la prevención y protección del abuso estableciendo lineamientos a nivel institucional basados en el Evangelio y el ejemplo de Cristo.
Liderazgo comprometido y tolerancia cero
La comunidad eclesial, especialmente los líderes de la iglesia, se compromete públicamente en la prevención y protección de cualquier tipo de abuso por medio de políticas públicas que garanticen tolerancia cero entre los miembros de la institución.
Estructuras claras, transparentes y eficaces
La protección efectiva no puede improvisarse. Es necesario que existan estructuras de gobierno claras, con roles y responsabilidades bien definidas, que permitan rendir cuentas de manera transparente en todo lo relacionado con la protección.
Promoviendo que la protección sea parte de la cultura del ambiente eclesiástico dónde todos sean partícipes en la creación de ambientes seguros.
Códigos de conducta y gestión de riesgos
La Iglesia deberá seguir un código de conducta aplicable a todos sus miembros sin excepción, basados en la cultura del buen trato y garantizando el comportamiento esperado de cada uno de sus miembros según el rol establecido.
Deberán implementarse estrategias para minimizar los riesgos de abuso en todos los ministerios, con evaluaciones periódicas y actualizaciones.
Información, transparencia y comunicación abierta
La Iglesia está encargada de llevar el uso correcto de los datos e información recibida de todos los procedimientos, pero además busca difundir de manera clara y transparente lo que se está llevando a cabo en materia de prevención, atención y apoyo a las víctimas.
Línea Guía 2: Ambientes seguros
Cuando una familia espera con ilusión la llegada de un bebé, es natural que se realicen adecuaciones en el hogar para garantizar su seguridad: se cubren enchufes, se aseguran muebles, se retiran objetos peligrosos. Este ejemplo cotidiano nos recuerda que prevenir es un acto de amor. Siguiendo esta misma lógica, la Iglesia tiene la responsabilidad de crear y mantener ambientes seguros que protejan el bienestar de todos sus miembros, especialmente de los más vulnerables.
Programa integral de ambientes seguros
Para cumplir con esta misión, se implementa un Programa Integral de Ambientes Seguros, fundamentado en las leyes civiles, las normativas eclesiásticas y los códigos de conducta de cada ministerio pastoral. Este programa no sólo abarca los entornos físicos, sino también la supervisión del ámbito digital, asegurando que todo espacio, real o virtual, en el que se desenvuelvan niños, adolescentes o adultos vulnerables, sea un entorno de respeto, cuidado y dignidad.
Gestión y control de entornos de riesgo
Como parte de esta cultura de prevención, la Iglesia debe gestionar, vigilar e intervenir activamente en aquellas situaciones o espacios que puedan representar algún riesgo. Se presta especial atención a detectar contextos poco seguros, donde la interacción entre adultos y menores pudiera alejarse de los protocolos establecidos.
Se promueve que todas las interacciones entre adultos y menores se desarrollen en espacios públicos y visibles, evitando situaciones a solas que puedan vulnerar la integridad de las personas. Esto resulta especialmente importante en momentos como:
- El sacramento de la reconciliación.
- La catequesis y actividades pastorales.
- Encuentros y convivencias parroquiales.
Cada miembro de la comunidad está llamado a ser vigilante y garante de la seguridad de los más vulnerables, colaborando para detectar y reducir los riesgos en los espacios físicos y virtuales.
Reglas para personas externas
Además, se establece que todas las personas ajenas a la comunidad eclesial que hagan uso de las instalaciones deberán respetar y cumplir las normas de protección adoptadas, asegurando que sus actividades no representen peligro o riesgo para los menores o personas vulnerables presentes en el lugar.
Una Iglesia que protege a sus hijos
Como Pueblo de Dios, todos estamos llamados a ser custodios de nuestros hermanos más vulnerables. La implementación de estas líneas guía no es solo un requisito institucional, sino una expresión concreta de la caridad cristiana y de nuestro compromiso con el Evangelio de Dios. Sigamos trabajando juntos por una Iglesia donde cada uno de nuestros niños y adultos vulnerables encuentren un espacio de fe, confianza y protección.
Bibliografía:
Pontificia Comisión para la Protección de los Menores (2024). Marco Universal para las Líneas Guía. Aprobado en la Asamblea Plenaria de marzo de 2024. Sujeto a revisión periódica.
Por: Psicóloga Isela León López
