Había una vez un pastor que cuidaba con esmero a su rebaño. No era perfecto, pero amaba a sus ovejas. Las alimentaba con paciencia, les curaba las heridas, y dormía a la intemperie en las noches de tormenta para protegerlas de los lobos.
Entre todas las ovejas, había una llamada Canela. Era joven, orgullosa y algo terca. A menudo evitaba los trabajos del rebaño: no quería ir al redil cuando se le pedía, ni seguir las rutas marcadas por el pastor. Un día, el pastor la reprendió con firmeza cuidando no ser irrespetuoso.
—Canela, eres parte del rebaño. Todos necesitamos ayudarnos. No puedes quedarte atrás siempre.
Avergonzada, y con el orgullo herido, Canela no dijo nada. Pero al día siguiente, aprovechando que el pastor dormía, se acercó al arado para, intencionalmente, resultar herida para luego correr entre las ovejas gritando:
—¡El pastor me hizo daño! ¡No me cuida! ¡No es quien aparenta! ¡Miren lo que me hizo!
El rebaño reaccionó perplejo. Ovejas que antes confiaban, comenzaron a dudar. “¿Y si fuera cierto?”, murmuraban. El eco de la acusación creció más que la verdad. El pastor despertó en medio de miradas frías y balidos desconfiados. Trató de hablar, pero ya nadie quería escuchar.
Entonces fue expulsado de su rebaño. Caminó solo por los campos. Su bastón ya no guiaba, sólo lo sostenía, no podía entender por qué le habían creído a Canela y no a él, quien por tanto tiempo no hizo otra cosa más que protegerlas y velar por su bienestar.
Meses después, otro pastor se hizo cargo del rebaño, pero nada fue igual, pues tenía una maneja cruel de tratarlas, las hacia trabajar por mucho tiempo, les gritaba y no las abastecía de suficiente comida. El rebaño parecía molesto comenzando a extrañar a su fiel pastor, algunas comenzaron a confrontar Canela para que dijera la verdad así que en un arranque de llanto y desesperación por los malos tratos recibidos del actual pastor la oveja confesó.
—No fue cierto… sólo lo dije porque me enojé cuando él me llamó la atención. Por eso quise que el recibiera su merecido.
En ese momento el rebaño se reveló expulsando a Canela.
La verdad salió a la luz, pero el daño ya había dejado marcas. El pastor fue llamado de nuevo. Regresó con humildad, sin rencor, pero con una mirada distinta. Aprendió que incluso el rebaño más querido puede herir. Y el rebaño aprendió que una mentira dicha por una sola oveja puede oscurecer todo un campo de confianza.
La historia de este rebaño nos deja una gran lección. A nivel Iglesia, pero también a nivel personal, ¿Cuántas veces juzgamos sin saber lo que realmente está pasando? ¿Cuántas veces completamos verdades a medias? o ¿Cuántas veces opinamos sin saber que hay muchas Canelas y Canelos en el mundo que pueden hablar por lastimar, herir o perjudicar a una comunidad de creyentes? Como muchas veces le pasó a Jesús cuando trataba de predicar su palabra. Incluso en el momento del juicio hubo muchas ovejas que se dejaron llevar por acusaciones falsas que lo llevaron a ser crucificado y como sabemos todo era mentira. Pero el daño fue irreparable así como lo ha sido para los sacerdotes que han sido señalados injustamente por abuso sexual infantil.
Por ello es importante criar a nuestros niños desde el ejemplo de la verdad.
A veces las mentiras nacen de sentimientos no procesados como abandono, rabia o necesidad de afecto por ello es indispensable ayudarlos a manejar sus emociones de forma asertiva sin perjudicar a terceras personas.
Enseñarles a diferenciar entre fantasía y realidad.
Escuchar activamente a nuestros hijos. La atención y el cariño diario disminuyen la necesidad de buscar atención con actos extremos.
Formar conciencia sobre el impacto de nuestras palabras. Explicar, con ejemplos, que acusar falsamente a alguien puede arruinar su vida y lastimar a muchas personas.
Es importante además evitar verdades a medias disfrazadas de mentiras y evitar justificarlas. “No hay mentiras piadosas”.
“No darás falso testimonio contra tu prójimo” nos enseña la Palabra de Dios en el libro del Éxodo 20,16.Nota: Aunque es posible que pueda haber mentira en la acusación de un abuso, las estadísticas que conocemos nos dicen que es muy raro y poco común que alguien mienta cuando abre una situación así.
Por: Psicóloga Isela León López
