“Porque eres tibio, ni frío, ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3, 16)
Renata vivía con sus padres en un barrio muy humilde. Al venir de una familia pobre, la madre se veía en la obligación de lavar ajeno para poder mantener a sus hijos, su padre, por su parte, era albañil, pero como no tenía experiencia suficiente no le pagaban mucho dinero. La situación ya era difícil para Renata quien, con solo 10 años de edad, se encargaba de cuidar a sus hermanos y de algunos quehaceres de la casa. Su padre tenía un problema con el alcohol y un día llegó muy tomado a la casa, la madre al darse cuenta le comenzó a reclamar y él la golpeó.
Renata escuchó los gritos de su madre, pero le dio miedo salir para ver qué pasaba. Varias veces se repitió la misma situación y la cosa empeoró cuando no solo eran golpes si no también abusos sexuales hacia la madre.
Era la mañana de un lunes cuando Renata aprovechó que su papá se había ido a trabajar para hablar con su madre. La niña preguntó ¿Mamá por qué dejas que papá te pegue? A lo que la madre respondió: “son problemas de adultos, no te metas, cuando uno se casa tienes que aguantar lo que te toque, además tu papá no es malo porque nos mantiene”. Al escuchar la respuesta de su madre, Renata no volvió a preguntar ni a intervenir.
Con el paso de los años Renata creció y comenzó a andar con Evaristo, un chico que conoció en su trabajo. Al principio como cualquier relación todo iba de maravilla, con el tiempo ella salió embarazada y terminó casándose con él. Evaristo era bastante celoso y controlador. Un día, Evaristo la vio platicando con el señor de la tienda y esa fue razón suficiente para que perdiera el control y le soltara una cachetada. Renata no hizo nada porque recordó las palabras de su madre. “hay que aceptar lo que nos toque”.
De esta manera tanto su madre como Renata terminaron normalizando los abusos cometidos por sus parejas sin la posibilidad de defenderse.
Pero ¿qué tiene que ver esta historia con la tolerancia cero?
Educar a nuestros hijos no solo con palabras sino con el ejemplo es pieza clave para la prevención de cualquier tipo de abuso.
A veces no basta con decir “No”, es necesario direccionar a las niñas, los niños y los adolescentes hacia una cultura del buen trato donde les enseñemos sobre sus derechos, pero también sobre los límites relacionados al respeto de su propio cuerpo y al de los demás.
La tolerancia cero se debe aplicar ante cualquier tipo de violencia o cualquier tipo de abuso.
Por ejemplo, podemos practicar la tolerancia cero cuando nuestros niños están en la escuela y pueden llegar a normalizar ciertas conductas de otros niños como burlas o agresiones físicas, por más mínimas que parezcan, como un jalón de cabello. En dichos casos es fundamental hablar sobre cómo romper el silencio e invitar al menor a expresar lo que está pasando a una persona de autoridad.
Otra forma de enseñar a nuestros hijos sobre tolerancia cero es que realicen sus tareas con diligencia y obedezcan a la brevedad.
Retomando el caso de Renata, la tolerancia empieza con el ejemplo y tal vez si su mamá no haya permitido el abuso, su hija hubiera aprendido a poner límites como parte de sus derechos.
En el caso de los niños, no basta con enseñarles cómo utilizar los límites y el consentimiento, es necesario hacerlos sentir seguros y confiados para pedir y recibir la ayuda que requieren de los adultos que los cuidan.
Por su parte el papa Francisco ha hablado en varias ocasiones sobre la importancia de la tolerancia cero en los casos de abuso sexual y explotación de menores. En un mensaje emitido en el 2019, el Papa Francisco afirmó que “la Iglesia debe ser un lugar seguro para todos, especialmente para los menores” y que “cualquier forma de abuso o explotación de menores es inaceptable y debe ser denunciada”. Concluyo resaltando que nuestra responsabilidad como católicos y miembros de la Iglesia es realizar acciones sencillas, ahí donde vivimos y trabajamos, para que se cumpla lo establecido y se respeten los límites sanos, para que cada vez seamos más las personas que evitemos cualquier tipo de abuso por medio de la tolerancia cero.
Por: Psicóloga Isela León López
