Es común hablar del agresor sexual desde el juicio y el desconocimiento, al no entender qué pudo haber pasado por su mente al momento de cometer tal hecho atroz, en la gran mayoría de los casos lo único que nos importa es que no exista impunidad y que se castigue con todo el peso de la ley.

Se nos dificulta ver la otra cara de la moneda con la compasión y la misericordia de Dios, quien incluso clavado en la cruz pidió por las personas que lo crucificaron diciendo: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”.

En este sentido valdría la pena hablar sobre las personas que cometen estos abusos y las posibles causas que los llevan a convertirse en los villanos de la historia. Si tomamos en cuenta que todas las personas iniciamos desde un punto llamado niñez, nos percataríamos de que justo en esa etapa vive la inocencia de un nuevo ser, que aprende de todo lo bueno y lo malo del contexto en el que se ve inmerso.

Entonces ¿cómo es que un niño al convertirse en adulto puede hacerse abusador?

Si bien es difícil dar respuesta a esta pregunta ya que las circunstancias varían entre cada persona, lo que sí podemos describir son los factores sociales, psicológicos y espirituales que influyen en una persona para cometer un delito.

En cuanto a los factores sociales se refiere, observaremos la carencia de un sostén familiar sólido, quizás con una infancia de abandono y soledad en el que los límites, reglas y enseñanzas de valores no estuvieron presentes; donde se sobrevivió a maltratos y abusos.

Con respecto a los factores psicológicos encontramos a personas con características propias de un trastorno de personalidad, en dónde se observan rasgos narcisistas, carentes de empatía y falta de control de impulsos.

En cuando a lo espiritual se refiere es claro que estás personas no tienen un acercamiento genuino a Dios o si alguna vez lo tuvieron lo fueron perdiendo. Tal es el caso de Judas Iscariote, quien fue uno de los personajes más conocidos y controvertidos de la Biblia. Según los Evangelios, Judas fue uno de los doce apóstoles, elegido por Jesús para seguirlo y predicar su mensaje. No obstante, aunque pudo estar cerca de Jesús y aprender de él, eligió traicionarlo entregándolo con los sumos sacerdotes a cambio de 30 monedas de plata.

De esta manera, aunque estemos inmersos en ambientes religiosos no podemos evitar la tentación y manifestación del pecado en su máximo esplendor. Es así como algunas personas de Iglesia, tal y como Judas, deciden entregar al inocente.

Tristemente al recordar que Judas se ahorcó a causa de sus remordimientos por su traición a Jesús. También podemos sentir compasión por nuestros hermanos que, al perderse en el camino, abandonan el rebaño para unirse al enemigo.

Siendo conscientes de que el único juez es Dios, el Sr. Obispo que cuida de todos los hijos que le son confiados, cuida integralmente también a quien viene acusado de haber cometido un delito y le ofrece el acompañamiento espiritual, psicológico y pastoral que requiere y a su vez le orienta para que se asesore en el ámbito canónico y civil. Motivándolo a buscar la justicia para todos, sin desconfiar de la misericordia de Dios.

Como comunidad eclesial nos toca enseñar y cumplir los mandamientos de la ley de Dios, desde niños hasta ancianos. Educar para que cada uno respete su cuerpo y el cuerpo de otras personas. Cultivar los medios de la gracia para buscar el cielo, hacer el bien y evitar el mal. Por último, quiero invitarlos a ser parte de la solución de este triste problema. Pidiendo a Dios por cada uno de los implicados en una situación de abuso sexual. Evitando juzgar e interferir en los procedimientos de investigación que se deben hacer para buscar la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición de los abusos. Que cada uno de los que creemos en Cristo estemos en camino de conversión y en actitud de alejarnos del mal.

Por: Psicóloga Isela León López