Muchas veces he escuchado a la gente preguntarse: ¿por qué existe el mal si hay un Dios bueno? Pero a medida que lo preguntan más crecen esas incesantes respuestas desde las posturas que lejos de buscar una adherencia a la fe, actúan como justificante para dejar de creer.

Claro que es cuestionable el por qué pasan cosas malas, sin embargo, si nos enfocamos en la vida de Jesús nos encontraremos que esto existió ya cuando él vivió en este mundo, y que, incluso teniendo el poder de cambiar el rumbo de su destino decidió cumplir la voluntad de su Padre con la intención de salvarnos del pecado, como un acto de amor y misericordia. Jesús nunca dudó de la Palabra de su Padre Dios, él confió en que, una vez cumplida su misión, el Padre lo resucitaría al tercer día y así fue.

Creo que ante temas que no nos gusta tocar porque es claro que no deberían de existir, como es el abuso o cualquier tipo de violencia hacia los niños, solemos hacernos este mismo cuestionamiento, ¿por qué sucede esto, si ellos son seres indefensos que no le han hecho ningún mal a nadie?

Aunque es difícil dar respuesta a esas preguntas, algo es claro: si depositamos nuestra esperanza en Dios sabremos librar batallas porque en él se encuentra el verdadero poder y salvación. Esto hace alusión a la siguiente cita bíblica: “Si tuvieras fe como un granito de mostaza, podrías decir a este monte: ‘Desplázate de aquí a allá’, y se desplazaría; y nada te sería imposible” (Mateo 17, 20 y Lucas 17, 6).

En la anterior cita bíblica se enfatiza la importancia de la fe en la vida del creyente y por medio de estas palabras, Jesús nos enseñó que incluso una pequeña cantidad de fe, como un granito de mostaza, puede ser suficiente para lograr grandes cosas.

¿Cómo puede la fe erradicar el abuso?

Primero hay que entender que el abuso no es consecuencia de un castigo divino, ni está relacionado con Dios. Tal y como el Papa Francisco nos lo ha referido: “El mal no es una cosa, es una relación. Es la relación entre la libertad humana y la elección del mal” (Discurso en la Plaza de San Pedro, 29 de junio de 2013). Esto significa que Dios nos hizo libres para decidir cuál camino elegir. Hay quienes han sido víctimas del maltrato de otras personas y deciden seguir por las veredas de la venganza y el rencor. Habrá quien en las mismas circunstancias adopte la actitud de buscar justicia y hacer lo posible porque el abuso no se repita, sin descartar, al final del camino, el perdonar a su agresor si este se arrepiente y muestra signos de conversión, resignificando su dolor y dejando a Dios lo que a él le toca.

En ambos casos, lo único que nos queda es el poder de la elección, porque se ha depositado en cada uno de nosotros una confianza lúcida, sabiendo que, si seguimos al Señor en su Palabra, tendremos las armas suficientes para ir por el camino que nos conducirá a la vida eterna.

Quizás los niños son los que más creen porque sin tener capacidad para comprender todo lo que sucede al rededor siguen pidiendo con devoción todo aquello que su corazón anhela, incluso aunque sus padres o personas cercanas dejen de ser testimonios.

El Papa Francisco ha dicho que “Dios no se aleja de nosotros en los momentos de sufrimiento, sino que se acerca a nosotros y nos acompaña en nuestro dolor” (Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo, 11 de febrero de 2014).

Tal y como Dios Padre acompañó a su Hijo Jesús en la cruz, así nos acompaña en cada sufrimiento, incluso cuando nuestra fe se ve lastimada al toparse con situaciones que cuesta voltear a ver porque son dolorosas. A nadie le gustaría ver el rostro de Jesús ensangrentado, así como a nadie nos gusta ver los abusos sexuales cometidos a menores por personas de fe que deberían cuidarles y promoverles.

Es por ello que el Papa Francisco nos recuerda que: “La oración y la solidaridad son las armas más poderosas que tenemos para enfrentar el mal y el sufrimiento en el mundo” (Discurso en la Plaza de San Pedro, 29 de junio de 2013). Que nuestra fe se fortalezca con lo que Jesús vino a enseñarnos con su Palabra y su testimonio de vida para enfrentar con su gracia y ayuda las situaciones de abuso para hacer todo lo posible para que dichas situaciones no se repitan.

Por: Psicóloga Isela León López