¿En qué momento debemos educar sobre sexualidad a nuestros hijos?

Hace algunas décadas el tema de la sexualidad era un tabú para muchos, en los hogares se hablaba poco de ello y se veía con tanto pudor que parecía ajeno a la realidad humana. Hoy en día pasamos de un extremo a otro, pareciera que de no hablarse nada nos topamos con un bombardeo de información en las redes sociales o incluso en algo tan “inofensivo” como la música o las películas.

La realidad es que, aunque muchos padres de familia quieran evitar ese tema, es necesario dar información adecuada que venga ofrecida por ellos, puesto que es en el hogar donde los niños empiezan a entender el mundo a través de las vivencias que más tarde ellos identificarán como hechos reales. Por ejemplo, si los padres de un menor creen que la sexualidad es mala, sus hijos terminarán creyendo lo mismo. ¿Pero, cómo es esto posible? Es simple, cuando la curiosidad del niño comienza de manera natural a explorar su cuerpo sin ninguna malicia y los papás hacen comentarios como “déjese ahí”, “se te va a pudrir la mano”, etc. Esas acciones encaminan al niño a ver la sexualidad como algo desagradable, sin saber si quiera la razón.

¿De qué manera el hecho de no educar a nuestros niños en la vivencia de una sana sexualidad puede influir en la cultura del silencio cuando se les presenta un abuso?

Si enseñamos a nuestros niños a no hablar de la sexualidad, o a interpretarla como algo malo, podríamos negarles la posibilidad de compartir con confianza, su desarrollo, sus logros y fracasos en este aspecto. Por ello es importante hablar de este tema con ellos de acuerdo a su etapa de vida.

Durante su infancia es conveniente hablarles sobre aspectos físicos del cuerpo, para que el niño nombre las partes de su cuerpo de acuerdo a la biología humana, y si tiene que nombrar sus partes íntimas les dé el nombre real, evitando decirlas con apodos coloquiales. De igual manera, se ha de enseñar al menor qué partes pueden ver otras personas de su cuerpo, por ejemplo: sus manos, pies, cabeza… y por otro lado hacerle hincapié en que las partes íntimas deben ser cubiertas y protegidas. En este aspecto es necesario puntualizar en los límites que deben establecer si alguien intenta tocarles las partes privadas de su cuerpo. Y a comunicarlo con confianza si alguien lo hiciera. En esta etapa se debe evitar satanizar conductas que son propiamente de la exploración y la curiosidad del niño, de su instinto natural, sin olvidar poner límites adecuados en caso de que las conductas lleguen a ser repetitivas o en presencia de otras personas.

En la adolescencia los chicos experimentan muchas pérdidas puesto que suelen sentirse vulnerables en muchos aspectos, además de que su cuerpo está cambiando de manera constante, se agregan los cambios hormonales que experimentan. Es conveniente hablar sobre los impulsos sexuales que experimentan y de los riesgos de embarazos a temprana edad. En esta etapa los adolescentes suelen hacer chistes sobre su cuerpo y sobre el cuerpo de otras personas, incluso de manera ofensiva. A las mujeres se les nota más el desarrollo físico y pueden ser objeto de bullying por este aspecto. Por esa razón una educación en los valores deberá estar encaminada a respetar su propio cuerpo y el cuerpo de otras personas evitando señalamientos, tocamientos o exponer a otros compañeros a ver o escuchar contenido sexual. Está edad suele ser difícil porque los adolescentes, comúnmente, se saltan las reglas, y a los adultos nos toca cuidarlos, darles buen ejemplo y guiarlos, ya que siguen siendo menores de edad. Por ello es indispensable supervisar con quién se relacionan, cómo es esta interacción y el contenido que constantemente consumen en los diferentes medios de comunicación.

Al ser la adolescencia una etapa de descubrimientos, muchos chicos comienzan con el noviazgo, suelen vivir las emociones de manera intensa e impulsiva. Por esa razón, la educación sexual debe encaminarse a la prevención tanto de embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual y promiscuidad.

En la juventud pareciera que los impulsos sexuales son más controlables, pero no es del todo cierto, sobre todo cuando fueron niños o adolescentes sobreprotegidos y en esta fase se sienten con más libertad e independencia, y algunos se sienten incitados a explorar todo aquello que no pudieron vivir, lo que podríamos llamar una adolescencia tardía.

Si nos remontamos a épocas antiguas, quizás la castidad hasta el matrimonio era lo más común. Hoy en día eso perdió importancia y se ve como anormal a los jóvenes que no son sexualmente activos, incluso esto puede afectar su autoestima y autoconcepto, pues parece que el que tiene más experiencia es admirado por otros. Es ahí cuando nuestra labor entra en juego haciendo hincapié en las enseñanzas de Cristo y los fines para los cuales la sexualidad fue diseñada. Enfatizando en que el amor es importante para generar vínculos y es mejor vivir la propia sexualidad con conciencia y no solo por impulso. Remarcando los valores del compromiso que implica el noviazgo: la fidelidad y la responsabilidad efectiva en sus relaciones. Como sociedad nos falta mucho por hacer. La carencia de valores que estamos viviendo han sido consecuencia, en gran parte, de la falta de comunicación con los hijos y con el cónyuge, que parece estar fácilmente reemplazada por los aparatos eléctricos. No dejemos la educación en manos de desconocidos. La convivencia familiar es una fuente clave de apoyo en todas las etapas de nuestra vida. Porque como nos lo enseña la Sagrada Escritura: “Los padres son los principales educadores de sus hijos” (Proverbios 22, 6).

Por: Psicóloga Isela León López