¿Cómo crear un espacio seguro para que los menores se puedan expresar sin miedo?
“Daniela tenía 7 años cuando le dijo a su mamá que había sufrido tocamientos por parte de un primo. Fue Erika la hermana menor la que empezó a expresar lo que estaba pasando sin saber siquiera cómo expresarlo. La madre de ambas niñas oyó lo que estaba pasando, pero reprimió a la hija menor por andar diciendo cosas que para ella eran inapropiadas. La etiquetó como mentirosa e imprudente”.
Quiero hablarles de este relato ajeno a nosotros, pero tristemente, esto es algo que sucede con frecuencia. La pregunta que podríamos hacernos es: ¿qué tan abiertos están nuestros oídos para escuchar estos hechos que ensordecen a cualquiera? De ordinario, evitamos los temas incómodos para evadir el conflicto; en el caso de los adultos, a veces, tomamos una decisión consiente para no hacernos cargo de la situación. Pero si no somos nosotros los que actuamos ¿Quién lo hará por los más vulnerables?
“El que reciba a un niño como este en mi nombre, me recibe a mí” (Mc 9, 37 y Lc 9, 48).
Recibir a un niño, no solo es atender a sus necesidades básicas, como la comida, el vestido y el sustento económico, sobre todo en esta época donde queremos sustituir carencias emocionales con cosas materiales. Es verdad que la tecnología ha llegado al punto de ser una compañera cuando experimentamos soledad, basta con hablarle a Alexa para que nos dé solución a un problema casi de inmediato, sobre todo la satisfacción a nuestras demandas. Sin embargo, dichos aparatos nunca sustituirán la atención, la calidez humana y la escucha que necesitamos para comunicarnos con otros.
Como Jesús dijo: “El que tenga oídos para escuchar, que escuche” (Mt 11, 15), así debemos estar atentos a la palabra de Dios y seguir su ejemplo de escucha.
Hay una diferencia abismal entre oír y escuchar, la primera se refiere a percibir sonidos, es como si escucháramos una canción de fondo con todo y letra, pero no ponemos realmente atención a lo que se está diciendo. El escuchar, en cambio, es un proceso cognitivo que implica entre otras cosas poder enfocar nuestra atención a una conversación, ignorando todos los estímulos externos.
¿Cómo practicar la escucha activa con los niños?
A continuación, te ofrezco algunas pautas:
- Buscar un ambiente cómodo y seguro para los menores: Que sea un lugar familiar, por ejemplo: la sala, el comedor y principalmente las áreas donde comúnmente juegan.
- Nivelar el lugar de escucha: Cuando hablamos con los menores tenemos que estar sentados al mismo nivel o en su defecto agacharnos para poder escucharlos más de cerca.
- No minimizar lo que les pasa: Si un niño nos dice que perdió su peluche, quizás no vayamos a buscarlo, porque para nosotros es solo un juguete que fácilmente puede ser sustituible. Pero quizás no alcanzamos a ver el valor intrínseco que para ellos tiene, y a veces toca regresar un poco a nuestro niño interior para poder entablar una conversación desde la empatía.
- Alejar todo objeto distractor: ya sea el teléfono, la televisión o personas a nuestro alrededor que puedan estar interfiriendo en la comunicación.
- La escucha a través del juego: El juego es una estrategia que nos permite conectar con los niños, por ejemplo, al estar en un juego de mesa podemos comenzar a hacerles preguntas mas directas para que el menor no se sienta invadido, esto hará que sus respuestas sean más genuinas e inmediatas.
- No juzgar ni hacer juicios de valor: Si le contamos a un amigo alguna situación en particular e inmediatamente nos sentimos juzgados vamos a optar por callarnos u omitir cierta información. En el caso de los menores, pueden percibir tu actitud ante lo que te están contando, eso marcará una apertura o un cierre a la comunicación.
En el caso de una situación de abuso sexual infantil, el niño desarrolla cierta armadura protectora que evitará su propia revictimización, sobre todo ante las figuras de autoridad, por ello es importante que cuando nos acerquemos a un niño con esta situación, adoptemos ciertas habilidades y comportamientos que nos lleven a ganarnos su confianza y su respeto.
La promesa de vida eterna se otorga a quienes escuchan y creen en la palabra de Jesús, según su enseñanza en el Evangelio de Juan 5, 24. Tal vez ya no podamos hacer nada por cambiar la manera en que fuimos tratados siendo niños, pero como adultos podemos transformar eso tratando a nuestros niños como nos hubiera gustado.
Por: Psicóloga Isela León López
