¿Qué podemos enseñar a nuestros niños y adolescentes?
Continuamente cedemos la responsabilidad de educar a nuestros niños y jóvenes a terceras personas, llámese escuela, doctrina u otro centro educativo, olvidándonos que los valores más importantes que los formarán para la vida se aprenden desde casa, desde el núcleo familiar.
En Proverbios 22, 6 se nos recuerda “Si instruyes al muchacho en el buen camino ni de viejo se apartará de él”. Es prioridad enraizar la educación en valores puesto que lo que transmitimos a nuestros niños, niñas y adolescentes desde pequeños serán herramientas que tendrán toda su vida. No solo para seguir viviendo su fe en Cristo, sino para ser buenas personas, desde la empatía con en el prójimo haciendo el bien común en beneficio a los más necesitados y vulnerables.
Siete cosas que debemos enseñar:
1. Límites personales: en relación a sí mismos y a la relación con otros, demostrando que el respeto es algo recíproco, que no tiene preferencia ni edad, es decir se debe de propiciar no solo hacia las figuras de autoridad, sino hacía personas de su misma edad o menores, esto les llevará a tener relaciones sanas.
2. La importancia del consentimiento: a veces nos olvidamos, que los niños también pueden tomar decisiones, una de ellas es el poderles permitir elegir con quién relacionarse y con quién no, ya que varias son las ocasiones en que los hemos obligado a saludar a desconocidos sin que esto les parezca, justo ahí tal vez sin intensión les estamos dando un doble mensaje donde les arrebatamos la posibilidad de decidir sobre sí mismos. Ellos deben tener claro la responsabilidad que tienen sobre su propio cuerpo y el atreverse a decir NO, cuando sientan que alguien los mira, trata o toca de manera inapropiada.
3. Autoestima y autoconfianza: fomentar una autoestima y autoconfianza saludables para que se sientan seguros y capaces de defenderse. A los adultos que los cuidamos, nos corresponde enseñarles el camino de la verdad y la honestidad ante cualquier cosa que suceda en su vida sin importar qué sea. Nuestra labor será escuchar, discernir y actuar en torno a las circunstancias.
4. Habilidades de comunicación: enseñarles a expresar sus sentimientos y necesidades de manera asertiva, que nuestros niños, niñas y adolescentes no encuentren en nosotros barreras que imposibiliten la manera de comunicarse, pero sobre todo que sepan que cada que lo necesiten estaremos ahí para escucharlos.
5. Conocimiento de sus derechos: enseñarles sobre sus derechos y lo que pueden hacer para protegerse.
6. Identificación de señales de abuso: la información es poder, lo mejor que se puede hacer es instruir desde el conocimiento, para que nuestros niños, niñas y adolescentes aprendan a poner límites sobre el cuidado de su cuerpo, en este punto habrá que adecuar la formación a la edad del infante ya que un sobre exceso de información puede ser perjudicial para propio crecimiento emocional.
7. Importancia de hablar: fomentar una cultura de habla abierta y confidencial en la que los niños, niñas y adolescentes no teman a las represalias que pueda ocasionar el poder expresar lo que les pasa, esencialmente es prioritario eliminar discursos que pudieran revictimizar o culparlos de alguna manera.
Por último, es importante remarcar que la educación debe ser adaptada a la edad y madurez de los niños, niñas y adolescentes. La clave es crear un entorno seguro en el que puedan hablar sin miedo a ser juzgados, recordando que, aunque nos resulte difícil manejar el tema del Abuso Sexual Infantil (ASI) como católicos ¡somos el puente que puede ayudar a fortalecer la prevención de todo tipo de abusos! Es importante tener en cuenta que los conocimientos anteriores son importantes para los menores, porque pueden protegerlos, pero la responsabilidad y el deber de protegerlos y promoverlos seguirá siendo de los adultos a quienes nos han sido confiados.
Por: Psicóloga Isela León López
