El pasado 12 al 14 de Marzo de este año se llevó a cabo el 3er Congreso Latinoamericano para la Protección de los Menores y Adultos Vulnerables en la Ciudad de Panamá, donde alrededor de 450 personas de 20 Países de Latinoamérica nos reunimos para compartir, reflexionar y profundizar en el tema de Vulnerabilidad y abuso.
Como Iglesia, comprender las implicaciones y la profundidad del concepto de vulnerabilidad es ir más allá de una acción políticamente correcta, tiene la necesidad de una reflexión ética que nos permita tomar decisiones en función de lo que es necesario, bueno, justo y reparador ante cada uno de los casos de abuso.
Ir más allá para conectarnos con la vulnerabilidad propia y del otro, que humanice nuestras prácticas concretas cuando se presenta el abuso, y pueda ir generando la transformación de las culturas abusivas que han permeado en nuestros ambientes eclesiales.
En las grandes estructuras, pero también en las relaciones cotidianas, la vulnerabilidad se hace presente generando un riesgo y un desafío que tenemos que comenzar a ver como oportunidad: el cuidado de los otros, de cada uno de nosotros valorando y mirando al Misterio de la Encarnación, que nos pone justamente al frente de la Vulnerabilidad que inicia con la Encarnación y pasa por la Cruz.
Desde esta comprensión, el Anuncio del Reino no puede ser separado de la consideración que Jesús hizo a lo largo de su vida y con su vida en favor de los vulnerables, (que dicho sea de paso, somos la humanidad entera), haciéndose El mismo Vulnerable, y transformando con ello, el principio de la Autoridad como Servicio.
La corrupción de la autoridad se vuelve poder abusivo, que explota y se sirve de los otros para sus propios intereses y esta fue la clave de la reflexión de estos días.
El Papa Francisco nos sugiere Acoger la vulnerabilidad y dejarnos enseñar por ella.
Así iniciamos con el recorrido de la Profundización que oportunamente se abre en estos días cuaresmales en medio del llamado de conversión que tenemos como Iglesia.
Los invito a concluir este primer artículo con esta meditación para la Primera Estación del Libro Viacrucis y Siete Palabras desde la experiencia de sufrimiento de las víctimas de abusos, escrito por Luis Alfonso Zamorano (FMVD):
Lectura Bíblica: El que viene a verme habla con fingimiento, disimula su mala intención. (…) incluso mi amigo, de quién yo me fiaba, que compartía mi pan, es el primero en traicionarme. Sal 40,7.10
Meditación: Se ha dicho muchas veces: la mayoría de los abusos son cometidos por personas cercanas, de las que en principio nada podría sospecharse. Por lo mismo, el abuso es una brutal herida a la confianza. También Jesús experimentó esta traición: uno de los doce, de sus íntimos, de los más cercanos, lo vende por treinta monedas y lo entrega a la muerte. Fíjate el detalle: lo traiciona con un beso. Es la perversión del gesto, del lenguaje corporal. El beso, que usamos para expresar afecto, cariños, ternura, etc., aquí es (ab-) usado para traicionar. ¿Acaso no es lo mismo que experimentan las víctimas? Una superviviente le decía a Jesús: “Tú sabes lo que me cuesta confiar en los demás y recuperar la inocencia. Me cuesta discernir cuando las manifestaciones de amor son puras y nacen de la ternura. Ayúdame, ten piedad”. Una vez más, contemplamos a Jesús sufriendo por delante de nosotros.
Por último, si en alguna ocasión también nuestra expresión del amor ha sido falsa, egoísta, impura y manipuladora, dejémonos mirar por Jesús con misericordia: “A pesar de todo, siempre te ofreceré mi amistad, podrás contar conmigo”. Como Judas, también nos llama amigo. Que Dios nos conceda el don de entendimiento y el deseo puro de conversión para encontrarnos vulnerables con el vulnerable, y tratarnos unos a otros con la misma dulzura y calidez como queremos tratarle a El.
Por: Lic. Carolina Téllez Estrada
Especialista en Protección de Menores
