Uno de los retos que tenemos como sociedad y como creyentes es reconocer aquellas situaciones personales y familiares que obstaculizan los buenos tratos. En muchas ocasiones, tenemos consciencia de las situaciones que nos lastiman o con las que lastimamos a otros, y sin embargo, carecemos de la determinación para transformarlas, o creemos que, por las dificultades que conlleva es mejor rendirse y “aguantar” o que “nos aguanten” aun sabiendo los daños que ocasionamos o justificando las situaciones para no transformarlas.
Cuando estamos en una situación donde se nos ha dicho que herimos, o vemos sufrir a quienes nos rodean por nuestras acciones o actitudes es importante hacer un alto y reflexionar.
Te comparto 4 señales de alerta que es importante tomar en cuenta para hacer consciencia de que es necesario un cambio en nuestra vida, ya sea personal o familiar:
- Comunicación agresiva u hostil:
Observar un aumento en el tono de voz, lenguaje ofensivo o actitudes conflictivas, la falta de respeto en la comunicación puede ser un precursor de comportamientos más agresivos y es importante tener en cuenta que este tipo de acciones/actitudes va escalando, por lo que es fundamental no minimizarlo o fingir que no existe.
- Tensiones y conflictos no resueltos:
Los conflictos persistentes no resueltos entre miembros de la familia o grupo al que se pertenece, pueden crear un ambiente tenso. Si las diferencias no se abordan y resuelven adecuadamente, es probable que aumente la hostilidad y se genere un clima propicio para la violencia.
- Aislamiento y exclusión:
La formación de grupos cerrados, exclusiones o el aislamiento de ciertos miembros de la familia o grupo generan un ambiente propicio para la violencia. La exclusión social es en sí mismo un comportamiento violento, y a menudo crea resentimientos y puede llevar a comportamientos más agresivos.
- Incremento de la ansiedad y el miedo:
Si las personas en el entorno experimentan un aumento significativo en la ansiedad o el miedo, podría ser una señal de que sienten una amenaza inminente o constante ante algún miembro de la familia o frente al ambiente que se ha propiciado. Identificar y abordar las causas de estos sentimientos puede prevenir situaciones violentas.
En muchas ocasiones las personas que detectan estas señales se sienten atrapadas, sobre todo si se trata de menores de edad o personas vulnerables, por ello, es importante que sepamos que ante estas señales podemos y debemos buscar ayuda o brindarla cuando esté en nuestras posibilidades, pues son señales preocupantes que deben ser atendidas y enfrentadas adecuadamente para que puedan ser erradicadas.
Cuando por la razón que sea, no es posible encontrar una salida, es fundamental buscar la ayuda de un tercero capacitado en el tema adecuadamente, ya que en la cultura que normaliza la violencia, podemos encontrar respuestas simplistas que solo aumentan las situaciones de riesgo.
Reflexionemos y tomemos consciencia que aunque el conflicto es parte de nuestra realidad como seres humanos, la manera de resolverlos hace una diferencia, la elección consciente de la no violencia y el esfuerzo persistente para resolver de manera pacífica por el bien de la familia o grupo es parte de la Cultura de los Buenos Tratos que tenemos el deber y responsabilidad de promover.
Por: Lic. Carolina Téllez Estrada
Especialista en Protección de Menores
