Cuando hablo de formación en este artículo, lo hago en el sentido de aquellas experiencias, aprendizajes, creencias que una persona va acumulando a lo largo de su vida y que comienzan a adquirirse (ahora lo sabemos científicamente) desde el vientre materno.

Aclarado lo anterior, es entonces el entorno en el que se nace el principal proveedor de esta formación, sin embargo, como católicos, al recibir las aguas del Bautismo nos convertimos en parte de la familia cristiana, y parte de una familia mayor, hijos de Dios.

Las experiencias que tenemos tanto en el hogar en que vivimos como en la parroquia a la que asistimos van proporcionando una comprensión del mundo, nos va ayudando a incorporar valores y aprendizajes sobre lo deseable e indeseable para la integridad de nuestra persona.

Cabe entonces reflexionar ¿Qué estamos transmitiendo con nuestras acciones y omisiones sobre lo que Dios desea para nosotros sus hijos? Si tomamos como referencia el texto Bíblico de la Huida a Egipto (Mt. 2, 13-14) encontraremos las pautas coherentes que como familia cristiana tenemos que tener:

1. Disposición a la Escucha interna e inspiración Divina.

Dice el texto: “… el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: -Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te avise…” Y podemos reflexionar las múltiples formas en que en la actualidad Dios se hace presente a través de nuestra intuición, información, otras personas que nos intentan hacer ver los riesgos que rodean a nuestras familias, sin embargo, el reto es la escucha atenta, el desafío es hacer lo necesario a pesar de que no es fácil e implica renuncias, distancia, pérdida de estabilidad… ¿qué más habría perdido o tenido que dejar José para salir de pronto a un País extranjero?

Además, lo que el ángel le pide a José no es algo sencillo de asimilar, le hace saber el riesgo que corre frente al poder y la importancia de poner a salvo a su familia. ¿Cuántos de nosotros nos quedaríamos congelados de miedo y confusión al saber algo que no nos esperábamos? Esto es una realidad que enfrentan las familias y su entorno cuando se rebela un abuso: shock, impacto, confusión, miedo… pero el mandato es claro: “Levántate”, es una orden de poner a salvo.

2. Acción Inmediata y contundente.

José hace lo necesario y se va: “…José se levantó en medio de la noche”… lo cual representa la oscuridad de falta de información, incertidumbre, dificultad, y aun así, se pone de pie, una acción tan aparentemente sencilla, levantarse del impacto, del miedo, ponerse en pie para poder actuar… José toma acción haciéndose cargo de María y Jesús. Hace lo necesario a pesar de las dificultades que esto representaba.

Dejarnos orientar y ser coherentes no es fácil pero se hace necesario para verdaderamente poner a salvo a quienes están en situación de riesgo o han sufrido un abuso.

En el caso del abuso, la acción inmediata es la denuncia, el no callar, no subestimar el daño, no ser cómplices al minimizar, o esperar “a ver a quién le toca”, si no lo sabemos, nos ponemos de pie e investigamos, preguntamos… ponernos de pie es hacer lo necesario para que la seguridad vuelva a nuestro hogar y parroquia… José es el ejemplo de acción inmediata, frente a los millones de pretextos que pudo haber puesto, ¿por qué seguimos poniendo pretextos nosotros?

3. Responsabilidad sobre los más vulnerables.

La acción de tomar a María y al niño tiene también dos sentidos, les lleva consigo, pero simbólicamente también tiene que ver con asumirse responsable de proteger, cuidar y poner a salvo a su familia. Y nos decimos familia cristiana. Y qué fácil es decir: a mí no me toca.

Cuando se rebela un abuso, hacer lo necesario para proteger es fundamental, y aquí es donde como familia cristiana tenemos que entender que es tarea de todos porque el llamado de José es el llamado a todos los que rodeamos a quienes son vulnerables y esto no es fácil. Muchas veces nos preocupa mas no meternos en problemas, el miedo a las represalias, y la gran tentación es no hacer, dejar que alguien más se haga cargo, que otro se ensucie las manos o peor aún, que la víctima se calle y no nos incomode para seguir con nuestra vida igual.

Y este llamado es a cada bautizado, sea sacerdote, religiosa, consagrado o laico, todos somos responsables sobre quienes son vulnerables, el llamado es a tomar esta responsabilidad en serio, con determinación y coherencia, ¿no es acaso que el anuncio y la denuncia son parte de nuestros deberes de bautizados? Y esto es para cuando se necesita, no solo para cuando nos convenga.

Nuestra inactividad, indiferencia, minimización de las cosas es formativa… el mundo que tenemos y en el que soñamos son muy diferentes, pero vale la pena preguntarnos ¿Cómo hemos contribuido a él? De nada sirven los discursos si a la hora de la verdad dejamos que Herodes mate al niño por no querernos meter en el lío de irnos a Egipto, y callamos los abusos familiares y/o eclesiales para no tener problemas, porque hay intereses personales de por medio o porque he convertido en un ídolo a aquel que ha abusado.

José es un gran ejemplo de las pautas a seguir en la formación y creación de ambientes seguros, les invito a reflexionar cómo seguimos ese ejemplo, sabiendo que esto es verdaderamente, una tarea de todos.

Que Dios nos conceda la Gracia y la Fortaleza de ser familia, asumir nuestra responsabilidad y hacer lo necesario.

Por: Lic. Carolina Téllez Estrada
Especialista en Protección de Menores