En este tiempo de Posadas, al reflexionar sobre el Misterio del Nacimiento de Jesús, y la realidad que le rodeaba, es importante sensibilizarnos en torno a la vulnerabilidad de las Infancias heridas.

En la Sagrada Familia de Belén podemos ver “La Vulnerabilidad” en todo su esplendor: La vulnerabilidad económica, la condición de migrantes, la falta de redes de apoyo, la sociedad en la que no hay espacio para el que no tiene como pagar un alojamiento, una atención médica, la persecución, las particularidades políticas…

Jesús nació en medio de estas realidades, en un pueblo dominado por un imperio que estaba muy lejos de los derechos humanos más básicos. Sus padres, según nos dicen los evangelistas, lo recibieron en un pesebre, por no haber encontrado un lugar.

La lección que quiero resaltar es el cuidado que brindaron tanto José y María, como cuidadores principales de ese pequeño Niño Jesús, y que hicieron lo necesario para que su Vida se hiciera posible, pero también de los pastores que acudieron y llevaron lo que tenían para apoyar a la Sagrada Familia.

Es una tarea de conjunto, donde se involucra la comunidad para que la Vida salga adelante.

Él, todo vulnerabilidad, en medio de otras tantas vulnerabilidades nos invita a verlo en cada víctima, en cada padre y madre que vagan pidiendo ayuda sin saber a dónde o a quién acudir, a reflexionar en las respuestas que damos ante quién necesita nuestro apoyo y la mirada que negamos para no incomodarnos, los oídos que cerramos para no escuchar, el corazón que endurecemos para no sentir, en la vida ensimismados para no compartir, el pensamiento rígido lleno de prejuicios para no re-pensar… mandándoles a buscar a solas “a ver dónde encuentran” lugar para seguir con la vida.

En este tiempo, Jesús Niño nos invita a transformar la historia, a tomar una opción decidida por aquellos que siendo totalmente inocentes de lo que les ha sucedido, han quedado al margen, deshumanizados por la indiferencia de quienes teniendo los medios se han deslindado de sus obligaciones, pero sobre todo y como siempre nos señala el camino…

El camino de los pastores, personas sencillas, sin un estrato social importante, pero considerados como dedicados y cuidadosos de sus rebaños, que desarrollaban su vida en el campo… esos que siendo pobres, tomaron lo que había y lo llevaron consigo para compartirlo con la Sagrada Familia, porque en su corazón habían recibido el Anuncio que les llenó de generosidad.

 Desde el lugar en el que estamos cada uno, con el poder que nos ha sido dado, desde nuestra humilde posibilidad ¿qué estamos dispuestos a dar a quien está herido? ¿Cómo nos solidarizamos y volvemos nuestra su necesidad, conectando, acompañando, escuchando…? ¿Reconocemos verdaderamente la dignidad de cada persona aun cuando sus heridas nos interpelan y hacen temblar el suelo bajo nuestros pies? ¿Estamos dispuestos a esforzarnos por crear entornos protectores como parte de nuestro esencial llamado de Bautizados?

Todos como sociedad y como Iglesia, tenemos un papel en el cuidado de la infancia y somos corresponsables de que cada niño, niña, adolescente y adulto vulnerable herido, encuentre los medios para sanar, florecer y salir adelante con dignidad.

Cuidar la Infancia es también vivir la Navidad.

Por: Lic. Carolina Téllez Estrada
Especialista en Protección de Menores