Siguiendo con la reflexión de Lucas 10; 25-37, referente a la Parábola del Buen Samaritano, veamos cuál es la propuesta de respuesta que Jesús hace ante la realidad de los abusos de poder, de conciencia, espirituales y sexuales.

A través de esta Parábola, bellamente Jesús nos acerca a lo que se necesita para ser verdaderos “prójimos” y tomar acciones concretas como Iglesia.

El primer punto es que quién realiza las acciones es un Samaritano, que culturalmente no se llevaba bien con los judíos, mostrándonos así que, el primer paso es ir más allá de nuestras simples simpatías dejando los prejuicios de lado, a fin de ser capaces de llegar a la empatía, a la compasión y a la solidaridad, dicho de otra manera, no se necesita que la víctima nos caiga bien, sea parte de los nuestros, cultural o religiosamente aceptable, el requisito es querer ser prójimo.

Ahora analicemos punto a punto cada acción y las propuestas que dentro de cada uno se encierran:

“Pero un samaritano que iba de viaje al llegar junto a él y verlo, sintió compasión”. Aquí encontramos tres actitudes a cultivar como Iglesia:

a) Llegar junto a él. En calidad de iguales, de hermanos, de verdadera cercanía. Es la invitación a que como Iglesia seamos capaces de generar este acercamiento claro y real.

b) Verlo. Un verbo, una primera acción… ofrecer la mirada para estar con quién es la persona, no con quién nos gustaría que fuera, un acto de aceptación y validación del otro, significa también comprender su realidad, así como la capacidad de discernir la verdad y la justicia, y la responsabilidad de actuar en consecuencia.

c) Compasión. Se refiere a una profunda conmoción emocional y un sentido de simpatía y preocupación activa por el que sufre al dejarse tocar por su tragedia.

Tenemos que llegar a cada una de las víctimas, ir a por ellas, mirarlas, comprenderlas, sentir con ellas, validarlas con amor incondicional, dejar de esperar que sigan buscando y para ello es necesario ponernos al alcance, de manera visible, ir en camino, en su búsqueda, dejar el congelamiento que nos ha caracterizado (“aquí no ha habido ninguna denuncia”, “sí dijeron, pero no firmaron nada”) Hacernos presentes, hacernos prójimo.

Se acercó, le vendó las heridas después de haberlas limpiado con aceite y vino. Y después del primer contacto hay que ir más allá:

  • Tomar la iniciativa de acercarse
  • Hacer todo lo que esté a nuestro alcance para brindar reparación
  • Contribuir al proceso de sanación
  • Ser símbolo de la presencia y bendición de Dios que devuelve la alegría y la vida

Acciones concretas, lo que cada persona ocupe, en una serie de pasos sistematizados, ordenados, con un fin, de acuerdo a lo que la víctima necesita, porque la víctima está al centro y es en servicio de ella que se han de activar todas las gestiones necesarias.

La Iglesia al tomar esta iniciativa debe ser símbolo de Gracia y Bendición que sana, restaura y bendice la vida de las víctimas que sufren.

Lo llevó a una posada y cuidó de él. Una invitación a hacer comunidad con la víctima:

  • Llevarle a donde sea necesario (el psicólogo, el médico, la autoridad…)
  • Mantener los cuidados, el contacto en el proceso

Cuidar de la víctima es un acto profundo y significativo que involucra una atención amorosa y comprometida… hacer al otro parte de nuestra vida, ya no un ajeno, nos compromete a permanecer en su vida.

Nuestra solidaridad y empatía hacia aquellos que sufren se manifiesta a través de actos de bondad, compasión y preocupación genuina. Se trata de ofrecer nuestro tiempo, nuestra escucha atenta y nuestro apoyo incondicional, implica abrazar la vulnerabilidad del otro y estar presente para ellos en sus momentos de necesidad, brindando consuelo, aliento y asistencia práctica, construyendo puentes de comprensión, solidaridad y respeto.

Al día siguiente, sacó unas monedas y se las dio al encargado, diciendo: “cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a mi regreso”.

Continuando con las actitudes del Buen Samaritano, estamos invitados a:

  • Generar una comunidad de cuidado
  • Asumir la responsabilidad económica del proceso
  • Permanecer atentos a la curación del herido

Esto implica poner a la víctima en manos de otra persona y pagar por estos servicios, conservando el compromiso de regresar, de estar al pendiente.

Como podemos observar, Jesús da una cátedra, paso a paso acerca de lo que debe ser nuestro actuar y las actitudes internas con las que hay que realizar las acciones que son necesarias para cuidar, reparar y acompañar a las víctimas.

Todo esto lo ha retomado el Papa Francisco al recordarnos en el video de oración de marzo de 2023, que: “La Iglesia tiene que ser un ejemplo para ayudar a resolverlos (casos de abuso), sacarlos a la luz en la sociedad y en las familias. Es la Iglesia la que tiene que ofrecer espacios seguros para escuchar a las víctimas, acompañarlas psicológicamente y protegerlas”. Jesús nos llama como miembros de la Iglesia, como Bautizados, a actuar siempre, a dejarnos tocar por el dolor y a colaborar en la reparación y recuperación de cada una de las víctimas. Y después de cerciorarse que hemos comprendido quién de los tres fue prójimo del que cayó en manos de los asaltantes, nos dice a cada uno de nosotros: “Vete, y haz tu lo mismo”.

Por: Lic. Carolina Téllez Estrada
Especialista en Protección de Menores