Cuando se trata de justicia es fácil pensar que el que tiene que pagar por el crimen cometido es solo el victimario, la realidad es que no todo es tan simple, aunque por lógica lo parezca, hay víctimas secundarias y terciarias que no estamos tomando en cuenta. En esta ocasión hablaremos de las victimas secundarias, aquellas que forman parte del sistema familiar primario, es decir: los padres y hermanos de la persona que comete el abuso sexual.
Nos gustaría empezar preguntándote ¿Qué harías si eres testigo de un abuso sexual infantil?, seguramente si fuera el caso, nos dirías que harías lo correcto: denunciar a la persona responsable de aquel delito. Lo cual, aunque al principio pueda ser un tanto difícil por la implicación que tendrías en el caso, ayuda bastante saber que has cumplido con tu responsabilidad como buen ciudadano y católico, siguiendo los valores morales. Ahora te pregunto: ¿Qué harías si eres testigo de un abuso sexual cometido por un familiar? ¿Te atreverías a acusar a tu papá, a tu primo, tío, hermano, abuelo o cualquier otro familiar?
Lo sé, es complicado tomar una decisión cuando alguien a quién amamos resulta ser el malo del cuento, pero ¿por qué sucede esto? ¿Por qué hay una especie de encubrimiento de los familiares?
Vamos a analizarlo a detalle con el siguiente ejemplo; ¿Cómo te sientes cuando tu mejor amigo, hace cosas que te lastiman? Supongamos que tienes una pareja con la cual has creado una relación bastante sólida, ambos confían mutuamente el uno y el otro, por lo cual tu no dudas ni tantito de su integridad como persona, no le crees incapaz de, como dicen, “matar una mosca”, menos de lastimarte a ti o herir a otros. Pero el día menos pensado descubres que tu pareja, te es infiel, ¿Cómo te sentirías? Lo más coherente es sentir mucha ira y decepción. Estos sentimientos son tan grandes que quisieras correrlo de tu casa, confrontarlo para que te diga la razón e inmediatamente irte lo más lejos que se pueda de esa persona para evitar el contacto, pero por otro lado también existen esa especie de sentimientos de incredulidad y negación: ¿realmente está pasando? “No, lo creo, debe haber algún error, a lo mejor vi mal, quizás me hice ideas”. Tiempo después vienen las justificaciones: “Tal vez fue solo un desliz, todo mundo nos equivocamos”. Luego llega la culpa: “es que seguro me fue infiel porque yo lo propicié, a lo mejor fue porque no me arreglaba lo suficiente y ya no gustaba de mí, por tanto, si esto es mi culpa se merece una oportunidad porque yo también fui responsable”. Estas ideas permanecen hasta que te sientes muy triste por lo que pasó. Esta sensación es tan grande que te paraliza sin saber qué hacer, hasta que después tomas una decisión ya sea para retomar la relación o irte.
Los sentimientos de los familiares de quien comente un abuso sexual son muy semejantes al caso anterior. Algunos ejemplos: la madre de un agresor sexual cae en NEGACIÓN para evitar aceptar que su hijo es el responsable de un acto tan deplorable. Para su mente es más fácil ignorar el hecho y hacer como si no pasó nada y de esta manera evitarse la fatiga de actuar al respecto.
La IRA es común en una hija que se entera que su propio padre, violó a sus hijas, aunque en primera instancia quisiera matarlo y entregarlo a la justicia, por otro lado, reconoce que es su padre, el que le dio la vida y cuidaba de ella cuando era pequeña, ese mismo que la llevó tantas veces a comprar helado y juguetes, el mismo hombre que siempre fue su ejemplo y al cual tenía una profunda admiración.
Existe la TRISTEZA en los familiares cercanos al victimario, sobre todo cuando descubren la otra cara de la moneda. Todo parece tan irreal, les gustaría seguir brindándole su apoyo, pero en el fondo hay una profunda decepción y fractura a la imagen que tenían de él, justo ahí todo se torna tan confuso y tormentoso.
En los padres de familia hay una profunda decepción al ver el declive de los valores inculcados, pero ante todo existe la CULPA, ese sentimiento que los lleva a responsabilizarse de las acciones de su hijo. Es ahí cuando empiezan las interpretaciones y justificaciones: “si yo hubiera hecho esto”, “si yo le hubiera prestado más atención”, “si yo lo hubiera corregido a tiempo” o, por el contrario, “Quizás si yo lo hubiera animado a que se consiguiera una esposa, no habría pasado esto”.
La ACEPTACIÓN llega después de un torbellino de emociones, después de que con el tiempo van asimilando el hecho al punto de ver la realidad tal cual es, sin buscar momentos de fantasía.
Lo cierto es que aún después de la tormenta de emociones, los familiares llegan a tomar una decisión, lo que quizás en ese momento creen mejor para ellos y para la persona involucrada en el delito, aunque muchas veces se recurre a la justicia, la verdad es que en la mayoría de los casos se recurre al encubrimiento. Por ello es importante que sepas tú como papá, tú como madre y tú como hermano, que no ayudas a nadie ignorando el problema, ni ocultando al agresor, porque sin querer propiciamos que haya más los lobos sueltos y en algún momento no solo las personas externas estarán en peligro, si no también todo aquél que calla, tal como dicen los dichos: “tanto peca el que mata la vaca, como el que le estira la pata”, o aquél otro: “cría cuervos y te sacaran los ojos”.
Por: Psic. Juana Isela León López
