Cuando leemos un cuento para niños nos es muy difícil identificar al villano de la historia porque hay ciertas pautas de comportamiento que nos van indicando que ese personaje actúa mal o de alguna forma daña a los demás, sus acciones son tan evidentes que si le preguntáramos a un niño de 5 años nos sabría decir sin mayor dificultad de quien hay que defenderse.
Sin embargo, en la vida real es muy complejo distinguir de quién cuidarse porque como dice el dicho “no todo lo que brilla es oro” ni todo lo que no vemos significa que no existe. Ciertamente la realidad supera la ficción y es ahí cuando tenemos que dotarnos de súper poderes para identificar al lobo que se ha vestido de oveja.
Cuando hablamos del lobo que abusa de un niño, nos damos cuenta de que en su mayoría los agresores aparentan ser ovejas, porque de otra manera no le sería posible acercarse a la víctima. Por ejemplo, cuando intenta tener contacto con un niño, no llega a hablarle como si fuera un adulto porque quizás no le entendería o simplemente ni siquiera captaría su atención, entonces ¿qué hace?, trata de ser más agradables para él, por ejemplo, le da un dulce, le compra un regalo, juega con él o lo lleva a la tienda. Es así que el acercamiento del agresor pasa totalmente desapercibido, porque aparentemente este tipo de conductas hacia el niño está permitida y normalizada.
Hay miles de formas en las cuales el lobo se puede disfrazar de oveja y no solamente con los niños, porque no se trata solo de educar a nuestros hijos para que se cuiden a sí mismos o se vayan a los extremos y desconfíen de toda la gente, hay que tener claro que NO ES RESPONSABILIDAD DE LOS NIÑOS SABER DISTINGUIR AL LOBO, esa es tarea especialmente de los adultos que tenemos la responsabilidad de cuidarlos.
Entonces ¿Cómo distinguir cuando el lobo se viste de oveja?
No es fácil saber cuándo un lobo esta en el rebaño, pero el buen pastor sabe cuidar sus ovejas, tal y como sucede en la siguiente parábola de Jesús: “supongamos que uno de ustedes tiene cien ovejas y pierde una de ellas. ¿No deja las noventa y nueve en el campo, y va en busca de la oveja perdida hasta encontrarla?” (Cfr. Lc 15, 1-7) Como Padres de familia, Maestros, Formadores, Seminaristas, Sacerdotes, Religiosas, Psicólogos, agentes de pastoral y comunidad en general, estamos llamados a cuidar a nuestras ovejas. No basta con formar a los niños para que sepan identificar al villano de cada historia, nos toca hacer a cada quien nuestra tarea primero desde la prevención en cada uno de los contextos en los que estamos inmersos. Estar siempre alerta de quiénes somos y con quién estamos, si podemos o no confiar en tal o cual persona, en el momento que veamos algún acto fuera de la normalidad hablarlo con las autoridades correspondientes y estar siempre vigilando a la población vulnerable. Hay que formarnos más en el tema del abuso, no callarnos o ignorar cosas que están pasando en nuestras narices por miedo a no ser escuchados o tachados de mentirosos, cuidémonos entre todos, cada noche contemos a nuestras ovejas y si vemos que nos falta una, indagar a profundidad qué es lo que está pasando, no seamos indiferentes ante lo malo que sucede.
En la vida real nos podemos topar con lobos que pueden ser encantadores, pero cuando el lobo es lobo se ve, se siente y se nota. Es nuestro deber como adultos seguir creando ambientes seguros para nuestros niños.
Y tú, ¿Qué lobos has visto disfrazarse de ovejas? y ¿cómo te cuidas y cuidas a otros de ellos?
Por: Psic. Juana Isela León López
