Todo el tiempo Dios, que es Padre, Hijos y Espíritu Santo, nos llama a no ser indiferentes al dolor de los demás y como católicos tenemos una responsabilidad moral que nos lleva a actuar bajo principios y valores basados en nuestra fe en Cristo Jesús. 

Sin embargo, la mayoría de las veces, así como Dios nos llama cada domingo a su celebración eucarística y, a veces, no atendemos el llamado, así nos puede pasar cuando nos damos cuenta de una situación de abuso sexual y nos hacemos los ciegos, sordos e indiferentes, porque es muy fácil deslindarnos cuando no nos sucede a nosotros o a alguien cercano. Olvidamos que el llamado de Dios es para todos, que él no fue selectivo al salvarnos, porque nos liberó a todos del pecado y dio su vida por todos y cada uno de nosotros.

Ahora nos llama de diferentes maneras a seguir con la misión de cuidar y proteger a los más pequeños y vulnerables en todos los ambientes y especialmente en la Iglesia. Sin olvidar que formamos un solo cuerpo en Cristo y lo que le pasa a un hermano, a un miembro de este cuerpo, también nos duele y repercute en todos los demás miembros. 

Hay quienes deciden no involucrarse y esa actitud no evita, ni disminuye el sufrimiento del otro.

Te invito a que te des la oportunidad de observar qué postura tienes ante el tema del abuso sexual, analizando tu historia, tus vivencias personales, tu educación, tus valores y creencias. Para ayudarte un poco me gustaría que comenzaras pensando qué has hecho ante otros tipos de abuso, por ejemplo, cuando estás en casa y vez que algún familiar es tratado o maltratado física o verbalmente, ¿Qué es lo que sueles hacer? o cuando estás en el trabajo y vez que algún compañero es tratado injustamente ¿qué postura tienes ante ello?

Imagina otra situación: tienes una mejor amiga o mejor amigo que está siendo engañado por su pareja y ocasionalmente tú te enteras, corroboras el hecho, pero tu amiga o amigo no sabe ¿Qué harías tú? ¿Le dirías lo que descubriste o preferirías callarte por temor a herir o lastimar?

Cualquiera de las decisiones que tomes va a tener un efecto en la situación y la persona, pero desde “lo bueno o correcto” ¿cuál es tu decisión como católico? ¿Qué es lo que te generaría paz?

Podrías pensar como el típico refrán “ojos que no ven, corazón que no siente” y dejar que esa persona se dé cuenta por si misma del engaño, pero a su vez eso sería ser indiferente y ante el abuso no podemos dejar que el fantasma de la indiferencia nos gane.

Volviendo al tema del abuso sexual infantil nos encontramos con personas débiles y pequeñas que no tienen la suficiente madurez para saber qué hacer, ni para tomar decisiones por sí mismas. Tal vez tú puedas ver que sucede un abuso a un niño y decidir sobre decir o no, pero el niño no va a saber qué hacer y si tú te callas lo silencias también a él, además cuando encubres apoyas al agresor.

Como discípulos misioneros de Jesús, no cabe la indiferencia, porque él nunca fue indiferente al dolor. Jesús nos llama a tomar una postura ante el abuso, a transformar la realidad con los valores del Reino para proteger a los menores y a las personas vulnerables y para no encubrir a los agresores.

Termino con esta invitación: Atiende el llamado de Dios ante el tema del abuso sexual, no tengas miedo actuar y ante todo no te dejes llevar por el fantasma de la indiferencia.

Por: Psic. Juana Isela León López