Cuando hablamos del tema del abuso sexual en contextos eclesiales, nos pueden surgir emociones relacionadas al desánimo, la desesperanza, la incredulidad y la sensación de traición que en determinado momento pudieron flagelar nuestra fe, sobre todo cuando nos topamos con personas que nos atacan refiriendo que en la Iglesia no deberían pasar este tipo de situaciones.

La realidad es que el abuso ha existido desde el principio de la humanidad, no sabemos a ciencia cierta ni cuándo, ni cómo pasó, pero el abuso, el maltrato, la violencia y la injusticia han existido incluso en los tiempos de Jesús. Este es un problema social que tristemente donde más se padece es dentro de las familias. Hay muchos factores desencadenantes, pero de nada sirve seguir focalizando nuestra atención en el ¿por qué?, mejor veamos qué podemos hacer para evitarlo, para prevenir situaciones de abuso y para esto nace la palabra mágica de la Prevención. La Iglesia como una madre amorosa, está trabajando en prevenir los abusos y eso nos da un mensaje de esperanza, de apoyo y compromiso para con las personas vulnerables y con aquellas que han sufrido abuso.

Hablar de prevención, significa anticiparse al hecho para evitar que éste ocurra. La prevención se desarrolla en tres niveles principales:

La prevención primaria dirigida a toda la población en general para evitar que el abuso sexual infantil ocurra, en este sentido la Iglesia está trabajando en talleres dirigidos a agentes de pastoral, sacerdotes, catequistas y laicos con la intención de formar, capacitar, educar y proteger a los menores y a las personas vulnerables. Así mismo se ha trabajado en la creación de Códigos de Conducta y Protocolos de Actuación ante el abuso, que se puedan ir empleando en cada uno de los escenarios pertenecientes a la Iglesia.

La prevención secundaria está enfocada en brindar la atención a los grupos de riesgo, se concentra en prevenir el abuso sexual infantil con la formación a educadores, catequistas y en su momento también a los niños desde una cultura del buen trato.

La prevención terciaria está encaminada a la atención y acompañamiento de las personas involucradas: la persona que denuncia, la persona denunciada, las personas cercanas a ellas y las comunidades involucradas, su principal objetivo es acompañar desde el proceso de la denuncia hasta su adecuada atención y acompañamiento espiritual, psicológico y pastoral.

Es cierto que a nadie nos gusta hablar de la realidad del abuso sexual, menos aún tener que enfrentarla, sin embargo, hay mucho que hacer y la Iglesia sigue trabajando para que un día podamos ofrecer más y mejores ambientes seguros, libres de violencia y maltrato con la participación y el compromiso de cada uno de los bautizados.

Sigamos uniendo nuestro trabajo, compromiso y nuestra fe para prevenir los abusos y los contextos en que estos se generan, y haciendo lo posible por promover ambientes seguros y de buen trato.

Por: Psic. Juana Isela León López