Reflexionar en torno a la realidad de los abusos sexuales, sus efectos, la manera adecuada de reaccionar, etc., es una de las maneras de prevenir que sigan ocurriendo y de erradicarlos.
Es necesario visibilizar los abusos para poder actuar adecuadamente frente a ello, ya sea que sucedan en el entorno familiar, escolar, deportivo o eclesial, porque nadie es capaz de cambiar aquello que no es distingue.
En este sentido, el objetivo es generar una cultura de prevención que se manifieste a través de los buenos tratos entre todos. Ahora bien, esto solo será posible si somos capaces de reconocer que nuestro llamado como bautizados es ir haciendo presente el Reino aquí en la tierra, y una de las características evidentes se manifiesta en el trato que nos damos los unos a los otros… Recordemos “por sus frutos los conocerán”.
Comencemos, entonces, analizando a qué nos referimos cuando decimos que queremos desarrollar una cultura de la prevención.
El concepto de cultura significa: conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, etc.
De lo cual podemos inferir que necesitamos conocer, tener información, generar reflexión y una postura clara al respecto, coherente con nuestros valores cristianos, de tal forma que se incorporen de manera profunda. Este es el primer paso para generar acciones consecuentes a la información que poco a poco vamos incorporando.
Resulta evidente entonces que se necesita escuchar una y otra vez al respecto, reflexionar nuevamente, analizar con mayor cuidado, ver distintos aspectos, conocer el conjunto de escenarios en los que se da el abuso y su contraparte de buenos tratos, comprender lo que queremos promover y las maneras de lograrlo, teniendo en cuenta en cada ocasión que se trata de ir incorporándolo a nuestra cotidianidad hasta que con el paso del tiempo genere costumbres protectoras y de buenos tratos.
Por ello, reaccionar con comentarios como: “¿otra vez?”, “¿No saben hablar de otra cosa?”, “Pero de eso ya se había hablado el año pasado”, nos hacen darnos cuenta de que no hemos logrado comprender que se trata de incorporarlo a nuestro sistema de creencias, valores y acciones, y esto solo se logra a través de la repetición que permite que se generen, literalmente, caminos neuronales en nuestro cerebro para que, llegado el caso, sepamos actuar de modo apropiado, o en contraparte, evitar situaciones de riesgo personales y hacia otros.
Los expertos hacen una diferenciación entre los cambios duraderos que permanecen y los que son momentáneos o pasajeros. Los primeros son cambios de primer orden en los cuales, aun teniendo información sobre algún tema determinado que resulta de interés para esa población, no alcanza a generar estrategias diferentes ni comportamientos alternos a los que se vienen realizando. Los cambios de segundo orden en cambio, se refieren a aquellos que tras ofrecer cierta información, promueve el cambio de conductas concretas y estrategias eficaces para sostenerlas en el tiempo… a esto es lo que queremos llegar a través de los protocolos de actuación y códigos de conducta que poco a poco se van dando a conocer: estrategias concretas, perdurables y sostenibles que vayan abriendo paso a la interiorización de la cultura de los buenos tratos y con ello, la erradicación y prevención de los ambientes abusivos de cualquier tipo y particularmente de los abusos sexuales.
Por ello, queremos seguir compartiendo sobre este tema una y otra vez, hasta que todos podamos tener cierto nivel natural de conocimiento sobre estos fenómenos para que la cultura del buen trato se traduzca en acciones concretas.
Por: Carolina Téllez Estrada
Especialista en Protección de Menores
